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viernes, 29 de octubre de 2010

Falla Alentejo-Plasencia.

Podríamos haber etiquetado esta nota como tema geomorfológico o petrográfico, por tener también este carácter. Pero es el tectónico, a mi parecer, el asunto fundamental, razón por la cual pienso que la Falla de Plasencia tiene un protagonismo especial en Extremadura. Y ello a pesar de que su desarrollo y presencia se extiende desde Odemira, al SO de Portugal, hasta la frontera cacereño-avileña, pasando antes por Plasencia, y avanzando mucho más al NE, bajo la cobertera meso-terciaria castellana. Atraviesa diagonalmente nuestra región y constituye un accidente geológico de primer orden (500 km de longitud conocida, con movimiento sinistrorso), comparable en dimensiones a cualesquiera de los otros que se conocen en la Península Ibérica. La linealidad de la falla y del dique que lleva asociado, es muy alta, pudiendo observarse desde satélite dicho alineamiento. De hecho, el graben del Valle del Jerte se localiza en plena falla, de ahí su homogéneo relieve estructural alineado (ver en la ortofoto la línea diagonal que, pasando por Plasencia, avanza hacia el NE, por donde discurre el río Jerte).
Los primeros estudios generales de esta falla comenzarían en 1895 con Lucas Mallada, posteriormente con Maximino San Miguel de la Cámara en 1936 y continuarían entre 1963 y 1974 de la mano de Luis Carlos García de Figuerola y colaboradores. En la parte española y desde el punto de vista petrográfico, el dique es una diabasa pigeonítica, pasando a constituir un gabro hacia el centro del mismo, por aumento del tamaño de los minerales que lo componen. En Portugal, no obstante, Torres de Asunçao lo adscribe a una dolerita pigeonítica. Los minerales fundamentales que componen al dique son piroxenos y plagioclasas, con algo de cuarzo, olivino, biotita, hornblenda y magnetita. En cualquier caso, se trata de un dique básico, conocido por cierto por los botánicos por ser sustrato edáfico adecuado para determinadas especies basífilas, entre las que destacan algunas orquídeas.
Desde siempre he tenido la sensación de que la relación espacio-temporal entre el Dique y la Falla de Alentejo-Plasencia era bastante sencilla. Así, resulta razonable pensar que en un primer episodio se formaría una falla, a través de la cual se encajaría posteriormente un dique. Pero lo cierto es que el Dique de Plasencia se encuentra afectado por fracturación, por lo que parece que el proceso es esencialmente inverso al que he expresado, es decir, se emplaza un dique que luego es afectado por la tectónica. Abundando en ello, hay otro factor que no se tiene en cuenta habitualmente, quizá porque no es tan evidente como pudiera parecer y que he contrastado con la opinión de otros colegas, y es el hecho de que ambos, el Dique y la Falla, aunque en ocasiones coinciden espacialmente, lo habitual es que no lo hagan, sino que vayan esencialmente en paralelo. Por tanto, eso demuestra que si intruyera un dique, lo lógico es que lo hiciera a través de una zona ya debilidada o fracturada. Al no ocurrir esto en este caso, doy por evidente que el Dique de Plasencia es anterior en el tiempo a su Falla homónima. Por ello, y acabo, resulta inadecuado hablar del falla-dique (o dique-falla) indistintamente en este caso.
Pero si además vamos al detalle del asunto, empezamos a encontrar las mayores dificultades para explicar el origen y evolución concretas tanto del dique como de la falla. Por ejemplo, García de Figuerola y colaboradores apuntan a que el dique se emplaza en un momento concreto de la fase tardihercínica de la orogenia Varisca, al comienzo de la formación de la dorsal mesoatlántica, a través de un punto triple, cuya rama abortada (proto-rift) sería el propio Dique de Alentejo-Plasencia. Sin embargo, Schermerhorn y colaboradores explican las dataciones no concordantes (hay diferencias entre éstas de casi 130 millones de años) como un fenómeno debido a un emplazamiento más o menos pulsátil, que abarcaría desde finales del Triásico hasta finales del Mesozoico, con una tectónica posterior. Lo cierto y verdad es que, sea cual sea la explicación concreta de este fenómeno geológico, la tectónica ha jugado un papel fundamental, siendo la fase alpina una de las grandes protagonistas a este respecto, tal y como señala Rosa María Carrasco en su tesis doctoral, publicada en 1999, del que otro día hablaremos.

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