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viernes, 22 de enero de 2010

Geólogos ilustres de Extremadura: Ismael Roso de Luna, ingeniero de minas de Logrosán.

Al comienzo del tomo LXXVIII del Boletín Geológico y Minero de España, de 1967, L. de A. (podría ser la doctora Dña. Concepción López de Azcona y Fraile o Juan Manuel López de Azcona) firmaba la nota necrológica de don Ismael Roso de Luna, de la que se puede extraer una pequeña biografía profesional. En la misma se incluía el retrato que acompaño al texto literal íntegro.

Dolorosa y profunda fue la impresión experimentada por los miembros del Instituto Geológico y Minero, al recibir la noticia del rápido e inesperado fallecimiento del Dr. Ingeniero de Minas D. Ismael Roso de Luna, en momentos de su máxima actividad, dedicada al reconocimiento de los criaderos minerales, en fruto de la mejora de la economía nacional, y a la enseñanza de esta disciplina, profesada con su mira puesta en la consecución de inmejorables técnicos que pudiesen sacar el máximo rendimiento de las riquezas encerradas en nuestro subsuelo y en aquellos otros que encomiendan su reconocimiento a los geólogos españoles.

Nace Roso de Luna en Logrosán (Cáceres) el 16 de julio de 1902, cursa el bachillerato como libre en el Instituto del Cardenal Cisneros e ingresa brillantemente, con dos años de preparación, en la Escuela de Ingenieros de Minas, donde llegó a ser uno de sus profesores más destacados de la Sección de Geología. Continuó los estudios con la misma brillantez y finalizará en 1927 con el número dos de su promoción.

Una vocación bien definida aparece desde el primer momento, la geología, y dentro de ella su aplicación a la metalogenia y criaderos minerales en sus diversos aspectos. Lo demostró durante su estancia en Río Tinto; posteriormente pasó a formar parte del personal técnico de la Compañía Española de Petróleos, en la que trabajó en sus investigaciones en Venezuela, Colombia, Indias Holandesas y Estados Unidos de Norteamérica. Contribuyó al descubrimiento de interesantes riquezas y ayudó a los compañeros que orientaron sus actividades profesionales hacia los campos petrolíferos de dichos países.

Efectúa estudios valiosos, como los de minerales de hierro en Vizcaya, los de diversos minerales en Mozambique, y tenía varios en curso, entre ellos los de menas de plata en Hiendelaencina.

Múltiples fueron las recompensas alcanzadas con justicia, desde el Premio Gómez Pardo a su obra de mineralogía, a la Encomienda de Alfonso X el Sabio por su labor docente, activa y destacada durante más de treinta años.

Varias fueron sus asesorías geológicas desinteresadas; entre ellas figuran las del Alto Estado Mayor, Cámara Minera de Vizcaya, Escuela Nacional de Alta Montaña, etc.

Entre los puestos más destacados que desempeñó figuran, por orden cronológico, Vocal del Instituto Geológico y Minero de España, Profesor de Metalogenia y Criaderos Minerales de la Escuela Especial de Ingenieros de Minas, y Consejero Nacional de Educación. Muchos son los trabajos que publicó y también considerables aquéllos en los que orientó a sus alumnos, quienes perdieron un buen maestro.

Los que con él hemos practicado, en los lejanos tiempos de estudiante, el deporte de invierno la Sierra del Guadarrama, estuvimos juntos en la Escuela de Minas y en el Instituto Geológico, hemos tenido ocasión de apreciar en múltiples circunstancias sus nobles cualidades, que Dios le ha premiado.

Descanse en paz.

L. de A.