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lunes, 3 de junio de 2013

Prólogo del libro "Hornos de cal en Fuente del Maestre" (prólogo e imágenes).

El pasado viernes, 31 de mayo, se presentó en la casa de la Cultura de Fuente del Maestre, con la asistencia de numerosos vecinos y amigos, el libro del estudioso Juan Antonio Blanca Pecero, titulado "Hornos de cal en Fuente del Maestre".
Incluimos en este post el prólogo textual de dicho libro, así como una imagen de los aproximadamente 150 oyentes que tuvieron el gusto de asistir a tan entrañable acto.
Como autoridades asistieron el alcalde la localidad, Juan Antonio Barrios, y el Director General de Promoción Cultural, José Antonio Agúndez.
El libro se puede adquirir a través del propio Ayuntamiento de Fuente del Maestre o de la Editora Regional de Extremadura (editora.regional@juntaextremadura.net), por el precio de 10 euros.


Prólogo:


Prologar este libro de Juan Antonio Blanca Pecero, el Maestro, sería un enorme atrevimiento por mi parte, si no fuera por la petición formulada por su compañera, Alfonsa. Pues a quién no le pesa presentar al personaje y su obra, especialmente cuando éste era un ser especial, haciendo honor a su sobrenombre: un verdadero artista plástico (recordemos que el artista lo es siempre en todas las tareas que aborde). Cualquiera que tenga el gusto de leer este nuevo libro de Juan Antonio se percatará del enorme trabajo que supone recorrer un territorio recopilando información sobre los hornos de cal, indagando en los vestigios industriales de tiempos pasados. En realidad, es un recorrido histórico por Fuente del Maestre. Diría más, como le comenté al autor con ocasión de mi colaboración en este libro: “Te adentrarás más allá de la Historia, desde la historia de los caleros llegarás a la intrahistoria y más allá, por la Arqueología hasta el origen de las calizas, millones de años atrás. Te acompañaré y nos daremos cuenta de lo poco que sabemos del mundo y de lo mucho que significará este trocito de memoria hecha papel, para nuestras futuras generaciones”.
Efectivamente, conociendo sus inquietudes hacia lo vernáculo, el Maestro, como si supiera que de otro tiempo se tratara, recaba en estas páginas que siguen todo el saber de las gentes del lugar, aquellos que hasta hace no mucho trabajaron la piedra, transformándola hasta convertirla en uno de los productos estrella del sur peninsular: la cal. Juan Antonio Blanca sabía que era una carrera contra el tiempo, contra el olvido del oficio de calero, contra esta sociedad sin memoria. Nosotros sabemos, además, que también fue una carrera contra el olvido de sí mismo. Y ahora es una carrera contra nuestra incultura.
Conocí a Juan Antonio Blanca a través de mi gran amigo Francisco “Francis” Javier Fernández Amo (geólogo de Santa Marta de los Barros) y enseguida me di cuenta de su gran talla humana y de su enorme capacidad intelectual y artística. Tenía unas aptitudes para el arte que algún día le serán debidamente reconocidas por los expertos en el tema. Pero acompañaba esos dones con una actitud hacia la vida que sigo envidiando: el avance hacia el objetivo, con la justa visión periférica, siempre arropado por el entorno familiar, su cuna para el trabajo y probablemente también para su inspiración. Fruto de aquel primer contacto fue un trabajo conjunto que presentamos al Congreso sobre Patrimonio Geológico celebrado en Coria en 2008, precisamente sobre el tema de los hornos de cal, así como un artículo en la revista de la Asociación por la Arquitectura Rural Tradicional de Extremadura (ARTE), que preludiaría lo que ha acabado siendo un gran manual de los saberes científicos y tecnológicos, así como de la historia y etnografía del mundo de la cal.
Fue en una exposición pictórica del verano del 2009, en la Casa de Cultura de Villafranca de los Barros, en la que conocí personalmente al autor, conocido como el Maestro en su tierra. Ese día corroboré todas esas cosas que su admirador y amigo, Claudio Herrera Sánchez, tan bien plasmara en el folleto de presentación de dicha exposición: Juan Antonio Blanca Pecero era atemporal, único, sobrio y sencillo, sin etiquetas y transparente en sus apreciaciones del arte y la vida. El Maestro ponía, decía, énfasis en su familia, trabajando en su taller cuando su oficio y la salud se lo permitían, pintando peces, que sin saberlo representaban el origen de las cosas, el atávico recuerdo de lo que fuimos hace millones de años, en los tiempos en los que se estaban fraguando aún algunas de las rocas protagonistas de los desvelos de los caleros y de este libro que lleva su firma, pero que viene secundado por decenas de amigos y colaboradores, entre los que nos colamos de rondón un par de científicos amantes del saber popular, como somos Francis y yo. Ese arte le nacía a Juan Antonio Blanca Pecero de no se sabe dónde, pero da igual, porque era auténtico y lo digo porque me precio de saber algo de eso.
Hay personas que se hacen rodear de lo legendario, otras a las que quienes les rodean les otorgan lo legendario y, finalmente, quienes lo son, independientemente de todo. El Maestro era de este último tipo. Y dicho esto, sobran comentarios subjetivos sobre su persona, por respeto a su familia y amigos. Pero no quiero dejar de comentar su obra, entre la que está este fantástico libro sobre artes olvidados.
En este libro que tengo el honor de prologar, sobre los hornos de cal, se concentra la esencia de su modo de trabajo (que, por cierto, ya demostrara en aquel otro libro sobre los chozos, convenientemente editado por el Ayuntamiento de Fuente del Maestre en 2006 y magnífica y profusamente prologado por don José Luis Martín Galindo): método y tiempo, al que se le ha unido el reposo como guinda para lograr un acabado similar al buen hacer de los auténticos protagonistas del libro, que son las gentes a las que el autor tanto admiraba. Pues el oficio de calero, como tantos otros cada vez más olvidados, exige desarrollar un costoso proceso en cuanto a tiempo y energía vital se refiere, que requiere lo que viene a llamarse profesionalidad o buen hacer. Eran los tiempos en los que se valoraba más el trabajo de unos y de otros, o eso quiero creer para explicar la indolencia de nuestra actual sociedad, ajena a la historia, a la cultura y a sí misma, por tanto.
Así pues, el autor se convierte en leyenda desde el momento en que ha sabido transformar con maestría la sabiduría popular en este manual que tenemos en nuestras manos, un referente para el presente y el futuro, con lo cual deduzco que él siempre estará en sus páginas, en sus palabras, detrás de cada colaborador que ayudó a confeccionar esta obra, y para mí, además, en cada piedra caliza y en las paredes encaladas, arte vernáculo, como los hornos, como el tiempo pasado al que ha sabido transportarnos magistralmente. Este texto se convierte, así, en verdadera memoria histórica que queda plasmada, si se me permite, en nuestras mentes volátiles y olvidadizas.
Este libro es, por consiguiente, más que un objeto, pues se atreve a contradecir al poeta asturiano Martín López-Vega, pues cuanto importa no debería desaparecer. Quizá así sea, efectivamente, pero para recordar el efecto del olvido en sus coetáneos están personas como Juan Antonio Blanca Pecero, a quien se recordará en tiempos futuros igualmente, durante un breve instante, y ahora mismo, lector, cuando empieces a leer este libro: instante en el que te darás cuenta que reconstruir el tiempo, un trocito de la historia de este Maestro, como de todos los maestros universales que le han precedido, es tarea más importante de lo que pudiera parecerte.
Y no quiero acabar sin animar a los jóvenes a participar de este baño de sabiduría popular que nos regala un sabio fontanés, recordado siempre en sus palabras y dibujos, en su obra, en definitiva, que para todos debería ser un reflejo de lo que fue su fructífera y corta vida, un espejo en el que mirarnos y reflexionar sobre el pasado y, sobre todo, el futuro que deseamos para nosotros mismos y nuestros congéneres, que podemos resumir en respeto hacia las tradiciones y la cultura ancestral, hacia la pequeña historia rural y el escaso y casi olvidado patrimonio industrial extremeño, escenificado en esta ocasión por los perfiles en sepia de los hornos de cal de Fuente del Maestre, que seguirán humeando en nuestros corazones gracias al maestro Juan Antonio.
Eduardo Rebollada Casado (Asociación Geológica de Extremadura)